El àrbol encuervado
Decidido estaba ya que subirìa la pendiente, si querìa continuar.
Comencè, confiada en que no serìa muy empinado el camino...
pero ese serìa el menor de mis problemas.
A mitad del camino, un leòn, atormentado por las ansias de devorar algo,
me dijo que el objetivo de mi bùsqueda no valìa la pena...
Pensè en derrumbarme y dejar que los cuervos me comieran los ojos
-como el leòn habìame aconsejado-;
mas decidì seguir, aunque casi a rastras
porque ahora llevaba al leòn sobre mi espalda.